martes, septiembre 27, 2005

Otro aniversario del patafísico Jarry




IGNACIO T. GRANADOS
iggranados@hotmail.com


El pasado 8 de septiembre se cumplió un aniversario más de Alfred Jarry, el surrealista genial que corona ese club de los magníficos con que se inaugura la última plenitud de literatura moderna. En medio de esa gloria se habría cumplido este aniversario. Hoy, de Jarry queda un culto un poco extraño, y sin dudas bastante epatante, la Patafísica; algo entre gran humorada estética y nueva teología. La Patafísica es el discurso metafísico del doctor Faustroll; obviamente, es un alter ego de Alfred Jarry, que significativamente combina los nombres del emblemático doctor Fausto y un duende nórdico.

Todavía, los patafísicos actuales exhiben una nomenclatura esperpéntica, que remeda en clave de comedia el hieratismo litúrgico de los católicos de entonces y los masones; viven en una era propia, que obviamente explica los ditirambos teóricos de la estética, ¡mejor y más plácidamente que las academias! Su era, sospechosamente paralela a la cristiana, nace con Jarry, y entra en letargo con su muerte. Las sucursales actuales, de París y Buenos Aires, no se disputan sino que comparten alegremente un proceso que llaman de ``desletargo''.

Más allá de eso, el valor de la Patafísica como creación de Jarrys estaría en ese poder con que legitima toda su obra, y alcanza a legitimar la obra de nuevas hornadas aterrorizadas por el academicismo literario y la arrogancia de los connoisseurs, que es un mal eterno. La sombra de Jarry explicaría todo el Surrealismo, y por ahí la naturaleza propia del arte, hasta a Dalí. Se trataría de una performance, una mezcla sutil e inasible de compulsividad genial e inteligencia, imposible de reducir a convenciones previsibles.